Mi versión de "La Historia Guía del Soul"

Iba a escribir sobre "Nenúfares negros" pero he borrado un par de párrafos cuando me he dado cuenta de que he abierto el portátil con fines terapéuticos.

Y es un blog de libros. Puedo hablar de otro libro aunque no sea un cómic.

Hoy hablaré de "La Historia Guía del Soul" de Luis Lapuente.
En realidad podría también hablar de cómics. Mi tío Pablo me regaló uno a uno todos los de mi colección de "Asterix y Obelix". Pero mejor voy a contar mi versión de "La historia Guía del Soul" porque es el último libro que me regaló.

Pablo es el hermano de mi mamá. Murió seis años después de ella. Y hoy hace diez años que no le vemos.

Hay un ejercicio de imaginación que me gusta hacer desde hace mucho tiempo y es cómo serían las conversaciones de ciertas personas.
¿Cómo sería alguna conversación en la cena entre Katharine Hepburn y Spencer Tracy?
¿Y una sobremesa entre Maruja Torres, Manuel Vázquez Montalbán y Terenci Moix?
Las cañas después de un concierto de Ana Belén, Miguel Ríos y Serrat tienen que ser míticas.
¿Y las charlas en el rodaje de "La flor de mi secreto" entre Marisa Paredes, Chus Lampreave y Rosy de Palma?
¿Y las conversaciones de Lauren Bacall y Humphrey Bogart (cuando no discutían)?
¿Y un café de Unamuno con algún colega de la universidad?
O Saramago comentando una película con su pareja Pilar al salir del cine.
¿Y qué estaría haciendo Calderón de la Barca cuando se le ocurrían los maravillosos monólogos de Segismundo en "La vida es sueño"?

Creo que me he acordado de ese ejercicio de imaginación al relacionarlo con las conversaciones de Pablo y mi mamá.
Ambos eran de las personas más maravillosas que he conocido. Tenían un sentido del humor con el que te morías de la risa y una agilidad mental asombrosa.
Pablo tenía una memoria prodigiosa con la que era capaz de acordarse desde el batería o el guitarrista sustituto de no sé que grupo, hasta de un artículo escondido de no sé que norma tributaria.
Y mi mamá podía recordar hasta datos sobre tribus perdidas y olvidadas para entender con contexto adecuado el problema de Oriente Medio.
Ambos eran unos eruditos con una variedad de conocimientos asombrosa y capaces de dejarte con la boca abierta al escucharlos, aunque nunca pretendieran dejarte con la boca abierta.
Siempre tenían ganas de aprender cosas nuevas y siempre tenían paciencia infinita si querías que te contaran lo que sabían.  Y demasiadas veces se olvidaban de cuidarse a sí mismos por estar pendientes de su gente.

Particularmente Pablo, era un gran melómano. El libro de "La Historia Guía del Soul", lo compró cuando fui con él por última vez a la Cuesta de Moyano. No sabíamos que era la última, pero esas cosas es mejor no saberlas.

Él ya tenía un ejemplar del libro desde hacía tiempo. Y cuando vio en una de las casetas que tenían el libro, compró cinco. Aún recuerdo la cara del librero mientras decía "¿Cuántos dice que quiere?"

Pablo quería regalarlos a sus amigos de la pandilla de toda la vida. Había quedado con ellos para comer.
La historia de la comida me la sé porque me la contó unos días después, sentado en la butaca de su habitación, que era en la que podía coger mejor la postura para que no le molestara tanto el dolor.  Pablo intentó hacer vida normal hasta casi el final. Incluso fue por última vez al trabajo el lunes después de que España ganara el mundial. Murió seis días después. Fue su elección hacerlo así.

Me pone de muy mala leche cuando leo cosas como "perdió la batalla contra el cáncer".
No es una guerra. Es una enfermedad de mierda de la que hay gente que afortunadamente se cura y gente, como Pablo y mi madre, que no. Y cada uno hace lo que puede o para lo que tiene fuerzas y ganas. Y creo que nadie debe ser juzgado por ello, ni sentirse presionado por lo que piensen otros acerca de cómo debería hacerlo y mucho menos como si fuera una batalla a librar.

Volviendo a la comida con sus amigos, Pablo me estuvo contando las cosas que habían rememorado de cuando eran más jóvenes (Tenía 50 cuando murió). A mi ya me dolía la mandíbula de reír y se me caían las lágrimas de la risa. Y cuando terminó de contarme las anécdotas de la comida, cogió un ejemplar que aún le quedaba en la mesa y me dijo: "Y toma. Este es para ti."

Supongo que publico esta entrada porque, como dice esa frase maravillosa de la película "Princesas" de Fernando León,  "existimos porque alguien piensa en nosotros".

Y recordamos con risas sus coñas, repetimos sus bromas como si fueran nuevas y recordamos lo que aprendimos con él.

Se te echa de menos, chaval. Nos vemos en una puta plaza con palmeras.





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