El gran muerto

Mirad qué ojitos tan tiernos

Me ha gustado mucho este cómic. Es chulo aterrizar en historias que no sabes ni de qué van.

Es un cómic de fantasía, con el mundo de aquí y el del otro lado. Y el equilibrio que tiene que existir entre ambos. Un clásico. 

Tenemos aquí a Pauline, que llega a un pueblo en la Bretaña para estudiar en verano sus exámenes de la carrera de económicas. Porque todos sabemos que siempre sale bien lo de irse a estudiar en verano al pueblo. 


Pauline resulta bastante pedorra. Me ha caído mal. Pero está hecho para eso. Se baja ya del tren pensando "qué paletos" o similar y es bastante borde y desagradable. 

Luego hay algún cliché que cansa, como que por ser mujer se vista de fiesta para dar un paseo por el bosque, como si a estas alturas no hubiésemos aprendido ya de Joan Wilder que no se va en tacones por la selva colombiana y tampoco por los bosques de la Bretaña. Quizás sea lo que menos me ha gustado, ese cliché y siempre representando por una mujer. 

En la estación, el Dos Caballos que le ha prestado una amiga no arranca y conoce a Erwan que tiene la amabilidad de ayudarla a empujar el coche mientras ella sigue siendo una borde. Aprovechando que queda de camino, Pauline deja a Erwan en su casa y allí, vaya por dios, se queda sin gasolina y se tiene que quedar a dormir. Todo puro y casto. Ella querría, él no se entera. 

Erwan resulta ser discípulo de un yayo ciego que es quien mantiene el equilibrio entre los dos mundos. Él se levanta a la hora de los párajos (que he descubierto que son las 5.30 de la madrugada) y "ven Pauline, que como aún no has sido bastante borde, te presento a mi maestro". 

Erwan tiene un grimorio en el que está la receta de la poción que permite pasar entre mundos. Es como un colirio que se echa en los ojos. Dado que ella es escéptica sobre lo del otro mundo, la ponen un poco de poción en los ojos para que constate que sí existe. Poción diluida eso sí, que es para que esté sólo unos minuticos. Pero aún da tiempo a caerse a una charca y perder las gafas. 

Una vez hecha la descubierta del otro mundo, ahora es Erwan el que se tiene que ir a cumplir la misión que le ha encargado el yayo. Serán 10 días allí que son 2 años aquí. Otro clásico de la fantasía (léase la maravillosa trilogía de "Los Reinos de Darwath" por ejemplo). 

Aunque ya han explicado a Pauline que el tiempo allí no es igual que aquí, entre que es escéptica y  bastante miope, se echa otra vez las gotas para volver a pasar al otro mundo y buscar sus gafas. Pero esta vez las gotas van sin diluir así que la cosa va a ser algo más que unos minutos. Eso sí, encuentra las gafas, menos mal. 

Y a partir de ahí, pues siguen pasando cosas. La misión en el mundo de allí era relativamente sencilla pero, claro, se complica. 

A Pauline se le termina antes el efecto del colirio y vuelve primero y, además, no vuelve sola. Más tarde vuelve Erwan y se pone a buscarla. Y mientras la busca, descubre que, en el tiempo que ha transcurrido desde que se fueran, se ha desatado una pandemia que, además, está gestionada por unos muy malos gobernantes. Así que, cuando vuelven, las cosas están como si Ayuso hubiera ganados unas elecciones y llevara más de dos años gobernando. 

La primera edición del cómic es del 2007, como vaticinio, pandémico ni tan mal. 

El cómic engancha de principio a fin y también queda totalmente abierto al final. Pero he visto que ya está publicado el segundo, así que, como diría mi primo el Nano: "si abrimos el melón ya hay que cerrarlo porque si somos completistas, somos completistas". 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi versión de "La Historia Guía del Soul"

Doctor Extraño - El Juramento

Crisis de identidad - una historia policiaca con superhéroes